Era un vuelo militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que iba desde la Base Aérea de Fráncfort-Hann (Alemania) y la Base Aérea de Zaragoza (España), el 28 de febrero de 1984. La aeronave que se estrelló fue un Lockheed C-130 Hércules.
Después de aterrizar en Zaragoza, no tardaron en despegar de nuevo a media tarde, sobre las 19:30, para realizar prácticas de paracaidismo por la zona cercana al pueblo de Borja. Cuando todo parecía rutinario, un temporal de nieve provocó un repentino cambio de rumbo. Con un tiempo poco favorable y poca visión debido a la creciente oscuridad de la noche, los pilotos divisaron una montaña en su trayectoria, sin apenas margen para evitarla. Es cuando, viendo la situación extrema, los pilotos mandaron a los paracaidistas que se tiraran al vacío por la puerta que estaba abierta, aunque ninguno se pudo lanzar. Lamentablemente, la aeronave se quedó a solo 30 m de sobrevolar la montaña, yendo a una velocidad de 200 km/h, que no fue suficiente. Chocó contra dicha montaña, partiéndose en dos, deslizando distintas partes del avión por el terreno, quedando el fuselaje calcinado por las llamas y únicamente la cola como parte intacta. Fallecieron las 18 personas a bordo.
Por la noche y luego de conocerse la noticia, efectivos de los paracaídas españoles y estadounidenses, Cruz Roja y la Guardia Civil de Borja iniciaron la búsqueda del avión. Sin embargo, ya en la mañana del día siguiente, localizaron los restos del aparato y sin supervivientes. Estados Unidos recuperó las cajas negras para ser analizadas, siendo la causa más probable un vuelo controlado contra el terreno.
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