Fue un vuelo que realizaba operaciones de extinción de múltiples incendios que despegó del Aeropuerto de Busselton Margaret River (Australia) y debía aterrizar después en el mismo aeropuerto, el 6 de febrero de 2023. La aeronave protagonista del accidente era un Boeing 737-300 modificado para extinguir incendios.
El avión despegó a mediodía para combatir un incendio en la costa sur del estado de Australia Occidental, realizando ese día un total de tres misiones. En la tercera y última misión, sobre las 15:30, descendió sobre la zona del incendio donde debía descargar el agua, sin embargo, descendió hasta los 17 m a 110 nudos, y con los motores al 30%, el capitán aumentó la potencia, pero los motores tardaron en responder y el stick shaker se activó, avisando de una entrada en pérdida. La aeronave no pudo elevarse lo suficiente, entrando así en pérdida, colisionando contra la vegetación, para rebotar y volver a elevarse, hasta terminar por chocar contra el terreno. Tras esto, el copiloto empezó a seguir la lista de verificación de evacuación a la vez que el capitán buscaba una salida, pues la puerta de la cabina estaba deformada e inutilizable, y el copiloto no podía abrir la ventanilla de emergencia de su lado. Aunque el incendio de la aeronave por el accidente se estaba extendiendo, ambos pilotos por suerte pudieron escapar por la ventana izquierda, sobreviviendo milagrosamente únicamente con heridas leves, siendo más tarde rescatados en helicóptero.
El informe final de la investigación determinó que la causa del accidente fue un vuelo controlado contra el terreno debido a un error del piloto tras entrar en una entrada en pérdida. La ATSB realizó también varias recomendaciones: aumentar la altura mínima de maniobra durante la extinción de incendios, mejores ejercicios de entrenamiento para los pilotos y mejorar la gestión de recursos de cabina, entre otras.